Un deseo no cumplido

Quizás porque en su niñez vio muchas veces actuar a los payasos callejeros y a sus perritos bailarines, que andaban por las calles de la ciudad, haciendo felices a cientos de niños, la imagen del payaso quedó grabada muy dentro de Javier. Pasarían muchos años antes de que el cantante realizara uno de sus sueños más anhelados. Todas aquellas cosas que no tuvo de pequeño, juguetes, diversiones, ropas, etc., no fueron olvidadas por Gabriel y se convirtieron en toda una realidad cuando él se convirtió en Javier Solís, un cotizado artista con bastante dinero para satisfacer todos sus deseos. Con el tiempo adquirió una gran cantidad de juguetes, cochecitos, aviones, etc., los cuales conservó durante toda su vida en un cuarto de la mansión que le vendió Manuel Capetillo en Coyoacán.

Una de las cosas que lo atrajo siempre fue el mundo mágico del circo, y los payasos eran su fascinación. Ya adulto, cuando el Circo Atayde hacía su temporada en México en los terrenos de la calzada de Tlalpan, aprovechando su gran amistad con la familia Atayde y por su calidad de artista, se disfrazaba de payaso y actuaba -sin cobrar un solo quinto- con los demás payasos, sin que nadie del público supiese que era el famoso cantante Javier Solís. “Cañonazo”, payaso del Atayde, era el encargado de maquillar a Javier como “payaso triste”, imagen que quedó inmortalizada en el disco de larga duración “Payaso”, de Javier Solís.

Pulicado en la revista “Hombres y mitos”. Junio de 1998.

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